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Manjares celestiales. Parte 5 de 8

(Publicado el 1 de agosto de 2011 en el sitio de la IPNJ Central Pereira)

Gracias a Dios tenemos alimento

1.000.000.000 de personas sufren de hambre y desnutrición en el mundo.

3.000.000.000 de personas presentan carencias nutricionales severas que les impiden el desarrollo normal de sus funciones vitales.

Pero el planeta Tierra puede alimentar adecuadamente a 12.000.000.000 de personas, casi el doble de su población total.

"Hay más hambre en el mundo por falta de amor que por falta de pan".

Madre Teresa de Calcuta

El 99% de las personas que puedan leer este artículo tendrán que reconocer que nosotros sí tenemos alimento. Muchos de nosotros nos quejamos porque comemos más de la cuenta y los resultados son notorios y entonces queremos comenzar una dieta para rebajar de peso. Ellos, los que sufren el hambre, odian la palabra dieta, porque mueren en ella.

Por otra parte, tampoco nos falta el alimento espiritual y creo que el 99% de las personas que puedan leer este artículo también tendrán que reconocer que nosotros también tenemos este alimento.

En algunos países está prohibida la Biblia, la predicación del evangelio en cualquiera de sus formas y la reunión de cristianos para llevar a cabo cultos a Dios. Los cristianos son perseguidos, acusados injustamente e incluso asesinados con impunidad por "profesar una religión distinta".

Como vivo las cosas actualmente, me es muy difícil imaginar una situación así: "He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán". Amós 8:11,12, ya que pareciera que el hambre por la palabra de Dios escasea.

Buscamos inquietarte en dos aspectos. Primero, ser más agradecidos con Dios por proveernos el alimento físico y espiritual que muchos no tienen y segundo, hacer algo por aquellos que desean ansiosamente tener el alimento que nosotros tenemos.

Si estuvieras frente a una persona hambrienta y sedienta físicamente y te pidiera algo para comer: ¿Bastaría con hablarle de lo deliciosas que son las frutas, las pastas, la carne y las sopas? No; hay que dárselas.

Si estuvieras frente a una persona hambrienta y sedienta espiritualmente y quisieras invitarlo a comer: ¿Bastaría con predicarle del amor, la paz, la verdadera felicidad y el cambio de vida? No; hay que mostrárselas, que se antojen, que se den cuenta que tienen hambre y sed y que como tú, que estás bien alimentado, ellos también pueden estarlo.

Gracias Dios, muchísimas gracias por el alimento e inquiétanos y ayúdanos a calmar el hambre.

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